LĂa, guardame la tibieza que ya voy
contra tu tierra dulce, oscura
volcado a descansar,
LĂa, secame de palabras que hoy quisiera llorar
no más que por el agua blanquecina que te inunda.
LĂa, bestia del alma mĂa, animal
inconsolable que me mira
desde la oscuridad.
FrĂa delicia de las manos puestas sobre el lugar
preciso en que el alcohol de la tormenta se destila.
Déjame en los brazos
pedazos de tu amor;
cuando la luna boca abajo
te duerma abierta en gajos
yo vendrĂ© a comerte el corazĂłn, LĂa
LĂa, sĂlaba de agonĂa, genital
de pulso blando al que los soles
se vuelven a beber;
cuando te anuncien los tres gallos no te voy a negar
yo soy la piedra al pie de tu cabeza de medusa.
Quiero abrir tus huesos
con besos de ciclĂłn;
cuando la luna boca abajo
te duerma abierta en gajos
yo vendrĂ© a comerte el corazĂłn, LĂa.