Caprichos de una noche de verano,
miserias del invierno, pueden ser.
Tristezas de un amor envejecido,
caricias del mañana, pueden ser.
Si esperas que te tomen de la mano,
de qué sirve el motivo de tu voz.
Si buscas un consuelo pasajero,
de qué sirve un amigo y el dolor.
Si puedes contener un poco el llanto,
quizás no sea como la última vez.
Cuando juraron que te guardarían,
y luego la promesa se olvidó.
Andas por el bosque como un niño
que perdió el amor primero.
Amaneces sin desearlo,
y te duermes flotando entre las hojas.